Con la crisis, la salida natural
para muchos profesionales ha sido ponerse a trabajar por cuenta propia. El
registro de trabajadores autónomos ha crecido un 1,12% en el último año y un
1,8% desde 2012, aunque todavía dista mucho de recuperar los datos anteriores
al estallido de la crisis (en 2007, había 2.238.772 trabajadores autónomos).
Pero ser autónomo no es un camino
fácil. Además de tener un proyecto de negocio claro, una cartera de clientes o
unas habilidades profesionales de las que poder vivir hay que echar números,
puesto que si no se tiene unos ingresos suficientes los costes pueden acabar
comiéndole.
La Seguridad Social y Hacienda son las principales partidas a las que
tendrá que hacer frente. Al darse de alta en la primera hay que indicar qué
base de cotización se tendrá: la base mínima es 884,4 euros mensuales y la
máxima 3.606 euros al mes, lo que deja una cuota mensual desde los 264 euros
hasta los 1.075 euros. Pero estas cifras cubren únicamente la
prestación por incapacidad temporal en el caso de enfermedad común, por ejemplo
una gripe, a partir del cuarto día. Para estar cubierto frente a accidentes
laborales y enfermedades profesionales o ante el posible cese de su actividad (el
equivalente al paro), la cuota sube algo más. Con la cuota mínima hay que tener
en cuenta que la cantidad que se recibirá de cara la jubilación es muy pequeña.
Sin embargo esta protección por
desempleo no está siendo muy popular, ya que para poder tener derecho a ella tiene
que haberse cotizado hasta 12 meses y solo da derecho a 2 meses de prestación.
Tarifa plana
El gobierno la aprobó en 2013 para los emprendedores
menores de 30 años, pero acabó extendiéndolo para todos los nuevos autónomos. Para
los mayores de 30 años, esta rebaja dura 18 meses, mientras que para los
menores de 30 años se extiende hasta los 30 meses. En ambos casos, durante los
primeros seis meses se paga a la Seguridad Social una cuota fija próxima a los
50 euros. La única condición es que durante los últimos cinco años no hayan
estado de alta en el régimen especial de trabajadores por cuenta propia. Europa Press tiene una infografía muy interesante sobre ello.
Luego viene la casilla de Hacienda. Al darse de alta como
autónomo, se realiza una declaración censal en la que se incluyan los datos
personales, la actividad y la ubicación de su negocio y los impuestos que
tendrá que pagar.
Ahora ya no se paga por el
Impuesto de Actividades Económicas (IAE), aunque sí hay que adscribirse a uno o
varios en función de la actividad. Lo que sí hay que pagar el IVA (21%) y el
IRPF (19%).
Una autónoma escribía en su blog
personal: “Tengo que facturar 2.000 euros para poder ganar 938 limpios” e
ilustra su queja con un cuadrito que, advierte, puede que no sea cien por cien
precios pero refleja la realidad a la que se enfrenta. Su queja no es la única,
más de 14.400 firmas han secundado la
petición ‘Bajad
las cuotas de autónomos para que podamos sacar adelante nuestros negocios’
en Change.org.
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