
Sueles aislarte
¿Recuerdas
cuando te designaron como jefe? Lo primero que pediste fue una oficina
lo más alejada posible de tus colaboradores (si era en otro piso mejor).
¡Craso error! El alejarte de tus colaboradores y agruparte solo con los
gerentes de la empresa arroja más problemas que beneficios. Los
empleados quieren a un jefe visible, no uno que
únicamente aparece durante los aniversarios de la organización. Aléjate
de tu oficina, toma una silla y conviértete en un colaborador más.
Asumes directrices demasiado rígidas
Tú
haces que tus colaboradores se amolden a tus directrices, mas no
amoldas tus directrices a lo que desean tus colaboradores. Así no se
puede trabajar. Una empresa o un área de negocio es como una pequeña
república, las decisiones que se toman deben ser las más consensuadas
posibles. Ser líder no significa imponer, sino más bien persuadir y orientar.
Te enfocas en tareas insignificantes
Eres
el jefe, ya no puedes seguir perdiendo el tiempo en detalles. Confía en
tu gente, ellos son capaces de subsanar esos pequeños detalles que
tanto te estresan. La labor principal de un líder es pensar, la simple acción de pensar.
Por supuesto que cuando hablamos de “pensar” no nos referimos a
analizar las pequeñas cosas que involucran el trabajo diario, sino el
cómo se logrará el objetivo final.
Das excusas todo el tiempo
Es
muy fácil culpar a un colaborador. Pero bien sabes que ahí no está la
solución al problema. Solo estás posponiendo su resolución. Nada más. Ya
dejaste de ser el practicante que ingresó a la empresa. Ahora eres un
jefe con aspiraciones de líder. Y los líderes nunca dan excusas, dan soluciones. ¿Estás brindando soluciones ahora?
Trabajas demasiado duro
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